GANADERÍA

Noticia: Cantabria cuenta con más de 1.200 ejemplares de Monchina

Fecha de publicación: 18/06/2004

La Consejería de Ganadería, Agricultura y Pesca concede ayudas al mantenimiento de razas puras

Santander- 18.06.2004

En Cantabria existen más de 1.200 cabezas de bóvidos de raza Monchina, según los datos registrados en el Libro Genealógico que mantiene la Asociación para la Conservación del Ganado Vacuno de Raza Monchina. Esta raza de bóvidos ha sido clasificada en el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España, actualizado en 1997, como raza autóctona de Cantabria en peligro de extinción. De las 1.219 cabezas registradas a finales del año 2003, 1.177 son hembras y 42 son machos.

El 90 por ciento de los ejemplares se encuentran en la zona de Guriezo, aunque también hay algún rebaño en Castro Urdiales, en los montes del suroeste de Vizcaya, en Villaverde de Trucíos y en el Valle de Mena en Burgos. La Dirección General de Ganadería creó el Libro de Registro Genealógico de la Raza Bovina Monchina para definir el prototipo de la raza, asegurar la pureza étnica de los ejemplares inscritos y fomentar la conservación de la raza. Hasta el año 1998, el número de monchinas no había superado nunca los 1.000 ejemplares.

El Programa de Ayudas Agroambientales 2000-2006 de la Consejería de Ganadería, Agricultura y Pesca establece que los propietarios de animales equinos o bovinos de las razas Tudanca y Monchina pueden recibir ayudas para el mantenimiento de razas autóctonas puras. Esta ayuda, cuya cuantía máxima es de 120,20 euros por unidad de ganado mayor, está sujeta a una serie de condiciones como respetar las cargas ganaderas establecidas, pertenecer a una asociación ganadera cuyo objetivo sea conservar esa raza, inscribir los ejemplares en el libro genealógico oficial, mantener la pureza de los animales y participar en un programa de mejora genética. Según el Consejero de Ganadería, Jesús Oria "las ayudas aportadas mediante este programa permiten el establecimiento de líneas de mejora para compensar la baja rentabilidad de los propietarios de este tipo de ganado al no poder competir, desde el punto de vista productivo, con otras razas más especializadas en la producción de carne".

Razas autóctonas

La Monchina y la Tudanca son las únicas razas autóctonas de Cantabria que aún existen. La razas Pasiega, Campurriana y Lebaniega están extinguidas y por tanto, en opinión de Jesús Oria la raza monchina constituye " un patrimonio que debemos conservar". Los cambios en los sistemas de explotación agrícolas y ganaderos han llevado a los productores a seleccionar ciertas especies que poseían las características más apropiadas para rentabilizar al máximo la producción. Esto ha supuesto una seria amenaza a la diversidad genética. Según la FAO sólo en España existen 21 razas bovinas en situación crítica. En la evolución de la agricultura europea la tendencia ha sido intensificar la explotación de las zonas más rentables lo que ha conducido al abandono de los prados de montaña y de las zonas situadas a media altitud. En este sentido, Oria destaca que "la diversidad de animales domésticos es única e irremplazable y aunque las modernas técnicas pueden intentar mejorar las razas es imposible reemplazar la diversidad perdida".

Las monchinas son animales de pequeñas dimensiones y gran rusticidad. Las hembras suelen pesar 150 kilogramos y los machos 200. Entre sus particularidades destacan su longevidad, su fecundidad y carácter maternal y su bravura, por la que han sido utilizadas como animales de lidia en distintas fiestas locales. Tienen una forma de vida salvaje o semisalvaje en zonas de montes abruptos y soportan las condiciones hostiles con escasos alimentos. Almacenan grasa con facilidad y la utilizan como reserva nutritiva durante el periodo invernal.

Estas cualidades hacen de las monchinas una raza apropiada para explotar los puertos de montaña con un costo mínimo de mano de obra, potenciando la gestión sostenible de ganado y madera y el ahorro en los costes de limpieza de matorral. Aún cuando su valor económico fuese nulo, es necesario mantener el máximo número de razas por su interés científico, histórico y cultural y porque mantener la diversidad genética puede ser trascendental en el futuro.

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